En una plática dictada en 1890, Henry Drummond habló del encuentro con el Creador y dijo:
"En ese momento la gran pregunta del ser humano no será: ¿Cómo he vivido? Será, eso sí: ¿Cómo he amado?
La prueba final de toda búsqueda es la dimensión de nuestro Amor. No se tendrá en cuenta lo que hicimos, lo que creímos ó lo que conseguimos.
Nada de eso se nos cobrará, pero si nuestra forma de amar al prójimo. Los errores que cometimos ni siquiera se recordarán. No seremos juzgados por el mal que hicimos, sino por el bien que dejamos de hacer, pues mantener al Amor encerrado dentro de sí es ir contra el espíritu de Dios, es la prueba que nunca lo conocimos y de que El nos amó en vano".